“It will probably be at least a couple of weeks. Actually, it could be six weeks or more. That injury doesn’t look good.”
This was a discussion between two trainers who were considering the amount of time it might take for me to recover from an injury. In one of my college baseball games, I was playing third base and dove for a ball in the direction of the shortstop. When the inside of my left arm hit the ground, I felt something bad and painful. After that, I could barely swing a bat.
The trainers explained that my recovery and eventual return to the team would require not only the passing of several weeks of time, but also a prolonged rehab process. I could tell how much they were trying to help me.
However, I knew from experience that there was another option. Over the years, I’d seen that healing can be found through prayer.
The prayer that results in healing and recovery, Christian Science teaches, doesn’t begin with what is wrong physically and then beg God to correct it. It commences with a heartfelt desire to learn more about the nature of God and how God has created each of us.
God doesn’t start with matter, infusing into it physicality, life, and intelligence. God begins with the substance He knows, and that is Himself – divine Spirit. We are His spiritual offspring, and as such, our true, spiritual identity is not associated with matter in the least. God didn’t create two versions of us, a flawed mortal one and the perfect spiritual one – infinite Spirit could never create or include matter.
The most successful healer of all time, Christ Jesus, said, “God is a Spirit: and they that worship him must worship him in spirit and in truth” (John 4:24). This insight points the way to prayer that heals: honoring God by humbly listening to Christ, God’s loving voice. Christ reveals in very beautiful ways that Spirit’s creation is actually permanently invulnerable, perfect, and spiritual.
As I prayed for myself, I listened and was so comforted to learn from God that I was perfectly spiritual and whole, right then. No event, or even the hard ground between me and the shortstop, could alter or tear God’s spiritual idea. And time never needs to pass in order for God’s spiritual creation to be and remain whole.
This inspiration made so much sense to me. Injury to God’s creation, I realized, is totally unreal – a false belief about our real nature as spiritual, made in God’s image.
“Unreality” is the subject of this week’s Bible lesson in the Christian Science Quarterly. Included in this beautiful and encouraging lesson are these ideas from Mary Baker Eddy, the discoverer of Christian Science:
“The great spiritual fact must be brought out that man is, not shall be, perfect and immortal. … The evidence of man’s immortality will become more apparent, as material beliefs are given up and the immortal facts of being are admitted” (“Science and Health with Key to the Scriptures,” p. 428).
My prayers brought out in my thoughts a clearer view of “the immortal facts of being.” These include the fact of God’s eternal, perfectly good nature – and of our reflection of this perfectly good nature, too, as Spirit’s image.
Letting Christly assurances imbue our thinking has the wonderful effect of uplifting every single thing that we experience. In this case, instead of needing a prolonged passing of time in order to experience healing, the next day I found myself healed and free. Not only didn’t I miss a single baseball game, I didn’t even miss a day of practice.
Yes, as God’s spiritual creation, we each already are – not shall be – perfect and immortal. To be spiritual is such a gift! To practice thinking and praying from this perspective is to follow in Jesus’ footsteps and enables us to feel the joy of permanent, Christly healing.
If you’re new to the weekly Bible Lessons from the Christian Science Quarterly, you can view a free sample of a previous week’s Bible lesson here. Subscribers to the weekly Lesson can log in here.
¿Qué es verdadero acerca de ti?
Mark Swinney
“Probablemente tomará al menos un par de semanas. En realidad, podrían ser seis semanas o más. Esa lesión no se ve bien”. Esta fue una conversación entre dos entrenadores que estaban considerando cuánto tiempo podría tardar en recuperarme de una lesión. En uno de mis partidos de béisbol universitario, estaba jugando en tercera base y me lancé para tomar la pelota en dirección al campocorto. Cuando el interior de mi brazo izquierdo golpeó el suelo, sentí algo malo y doloroso. Después de eso, apenas pude hacer un swing con el bate.
Los entrenadores me explicaron que mi recuperación y eventual regreso al equipo requerirían no solo que transcurrieran varias semanas, sino también un proceso prolongado de rehabilitación. Pude notar cuánto trataban de ayudarme. No obstante, sabía por experiencia que había otra opción. A lo largo de los años, había visto que se puede sanar a través de la oración.
La Ciencia Cristiana enseña que la oración que resulta en curación y recuperación no comienza con lo que está mal físicamente y después suplica a Dios que lo corrija. Comienza con el deseo sincero de aprender más sobre la naturaleza de Dios y cómo Él nos ha creado a cada uno de nosotros.
Dios no empieza con la materia, infundiendo en ella el carácter físico, la vida y la inteligencia, sino que comienza con la sustancia que conoce, y esa es Él mismo: el Espíritu divino. Somos Su linaje espiritual y, como tales, nuestra verdadera identidad espiritual no está asociada en absoluto con la materia. Dios no creó dos versiones de nosotros, una mortal imperfecta y la otra espiritual perfecta; el Espíritu infinito jamás pudo crear ni incluir la materia.
El sanador más exitoso de todos los tiempos, Cristo Jesús, dijo: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). Esta perspectiva señala el camino hacia la oración que sana: honrar a Dios al escuchar humildemente al Cristo, la voz amorosa de Dios. El Cristo revela de formas muy bellas que la creación del Espíritu es en realidad permanentemente invulnerable, perfecta y espiritual.
A medida que oraba por mí mismo, escuchaba, y me reconfortó mucho aprender de Dios que en ese mismo momento yo era perfectamente espiritual y estaba sano. Ningún suceso, ni siquiera el terreno duro entre el campocorto y yo, podía alterar o desgarrar la idea espiritual de Dios. Y nunca es necesario que pase el tiempo para que la creación espiritual de Dios sea y permanezca sana.
Esta inspiración tuvo mucho sentido para mí. Me di cuenta de que es totalmente irreal que se produzca una lesión en la creación de Dios; es una creencia falsa acerca de nuestra verdadera naturaleza que es espiritual, hecha a imagen de Dios.
“La irrealidad” es el tema de la lección bíblica de esta semana del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Incluida en esta hermosa y alentadora lección están estas ideas de Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia Cristiana:
“Hay que sacar a luz la gran verdad espiritual de que el hombre es, no que será, perfecto e inmortal…. La evidencia de la inmortalidad del hombre se volverá más perceptible, a medida que se abandonen las creencias materiales y los hechos inmortales del ser sean admitidos” (“Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras,” pág. 428).
Mis oraciones destacaron en mi pensamiento una visión más clara de “los hechos inmortales del ser”. Estos incluyen el hecho de la naturaleza eterna y perfectamente buena de Dios, y también de nuestro reflejo de esta naturaleza perfectamente buena, como imagen del Espíritu.
Dejar que las aseveraciones del Cristo impregnen nuestro pensamiento tiene el maravilloso efecto de elevar cada cosa que experimentamos. En este caso, en lugar de necesitar un tiempo prolongado para que se produjera la curación, al día siguiente me encontré sano y libre. No solo no me perdí ni un solo partido de béisbol, ni siquiera un día de entrenamiento.
Sí, por ser la creación espiritual de Dios, cada uno de nosotros ya es —no será— perfecto e inmortal. ¡Ser espiritual es un regalo tan grande! El hecho de pensar y orar desde esta perspectiva es seguir los pasos de Jesús y nos permite sentir la alegría de una curación permanente mediante el Cristo.
Si acabas de comenzar a leer las Lecciones Bíblicas semanales del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana, puedes aprender más sobre ellas aquí: https://biblelesson.christianscience.com/es/
